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Noticias y actualidad agrícola

Citricultura ecológica: la complejidad del control de plagas

El sector ecológico en la Comunitat Valenciana continúa alcanzando año tras año las cotas más altas en cuanto a superficie y variedad de cultivos.

Paco Girona, Técnico de Federació de Cooperatives agro-alimentàries de la CV y agricultor ecológico.

En el Informe del Sector Agrario Valenciano del 2020, publicado por la Conselleria de Agricultura de la Comunidad Valenciana, se muestra que se siguen batiendo récords con un crecimiento de la facturación del 20,8 %, 108 millones de euros más que en 2019, alcanzando un total de 626 millones de euros.

Los datos reflejan la tendencia ascendente, un año más, del sector, que supera los porcentajes de crecimiento con respecto al pasado ejercicio: más operadores, un 8,5 % más que en 2019 hasta contar con 3.544, y mayor superficie agraria útil destinada a cultivo ecológico con 20.000 nuevas hectáreas.

En la Comunitad Valenciana tan solo estamos a 7 puntos de la meta europea, que fija para 2030 un 25% de superficie certificada ecológica. Objetivo que, como todos conocemos, se articula en la estrategia De la granja a la mesa publicada por la UE.

En cuanto al cultivo de cítricos, en los últimos 4 años, desde el 2016 al 2020, ha aumentado la superficie en un 173 % hasta un total de 4.758 ha.

Reconversión de la agricultura convencional a ecológica

Sin duda, la progresión de la superficie de cultivo ecológico ha ido en alza en los últimos años en buena parte debido a las crisis de bajos precios y de rentabilidad negativas del cultivo convencional.

Por ello, la primera pregunta es ineludible: ¿estamos ante una reconversión de la agricultura convencional a ecológica por concienciación del agricultor o éste se ve obligado por las directrices que emanan de la Unión Europea y por esa falta de rentabilidad?

Pues como en cualquier elección, habrá de todo. Cualquiera de los motivos que elijan buscan un objetivo común: una forma de mantener su actividad agraria en muchos casos heredada de padres a hijos a través de generaciones.

Estamos asistiendo a una “re-evolución” de la agricultura europea en la que permanecerán en ella los agricultores que se adapten a los nuevos requerimientos sociales y medioambientales.

En definitiva, que sepa responder a esa demanda del consumidor que pide alimentos sanos y que estén cultivados con un respeto por el medio ambiente como no se ha visto desde la revolución verde de los años 50, revolución en la que los agroquímicos y fertilizantes sintéticos se introdujeron de forma masiva con consecuencias que todos conocemos.

Conversión a ecológico en primera persona

Dicho esto, paso a contar la modesta experiencia de los últimos 15 años en los que decidí reconvertir la explotación familiar en ecológica y las luces y sombras acaecidas en este largo camino.

En primer lugar, destacar la mayor dificultad que se presenta a un agricultor de la Comunidad Valenciana que decide dar ese paso a la agricultura orgánica o ecológica. La superficie media de la Comunidad Valenciana es de 1 hectárea por explotación. Ello significa que cada parcela puede tener de media unas 0,4 hectáreas. Partimos ya de una superficie media de parcela en las que los lindes deben ser despreciados dado que la normativa exige evitar comercializarlos como ecológicos. Ello se basa en el principio de precaución que se debe tener a causa de la posible contaminación por deriva de los fitosanitarios aplicados en las parcelas vecinas y que, de ser detectados, penalizarían a ese agricultor ecológico en las certificaciones.

Ello reduce enormemente la disponibilidad de superficie que puede convertirse en agricultura ecológica. De hecho, muchas explotaciones que inician su reconversión agricultura ecológica deben desistir por esta causa.

Otro caso muy común es el de tener parcelas en comunidades de regantes donde te aplican directamente la fertilización química en el agua de riego. Esto evidentemente elimina la posibilidad de hacer agricultura ecológica en este tipo de sociedades de riego.

A partir de ahí, el que dispone de parcelas adecuadas y soluciona las limitaciones del riego y de los lindes, se encuentra otro tipo de inconvenientes en el periodo de reconversión. Como marca la normativa, son 3 años los que deben pasar desde que tú inscribes tu parcela hasta la primera cosecha ecológica certificada.

En esa reconversión, el factor limitante es la nutrición. Ese suelo no está preparado para alimentar a esa planta que durante, quizás décadas, ha sido alimentada con un sistema forzado de fertilización por riego localizado. Pasar a una fertilización orgánica supone unas condiciones iniciales de “hambre de nitrógeno” y de otros elementos que ya no se pueden utilizar de la forma que hasta ahora se hacía.

Han de pasar varios años de aportaciones de materia orgánica, estiércoles y compost para que se produzca una mejora sustancial del suelo.

Debemos alimentar al suelo para que éste alimente a la planta. Mientras tanto, podemos encontrarnos con unas bajadas de producciones tan alarmantes que también hacen abandonar a algunos agricultores acostumbrados a ver sus plantaciones con aspectos mucho más saludables, mucho más vigorosos y productivos que los que muestra una reconversión obligada por la normativa.

Aún así, el mercado cada vez más ofrece productos fertilizantes autorizados en ecológico, en los que el agricultor puede basar su “nueva nutrición” que le permita pasar esa reconversión de forma menos drástica que si solo se aportase estiércoles o compost.

Desde mi punto de vista el factor limitante de la citricultura ecológica no sería el de las plagas y enfermedades sino el de la nutrición. Es obvio que, a muy buen precio que te pague el mercado, si no alcanzas un mínimo de producción, la diferencia entre gastos e ingresos con toda probabilidad saldrá negativa. Y por supuesto, hay que insistir en que los gastos de producción en ecológico son más altos que los del cultivo convencional. Sobre todo por las aplicaciones de materias orgánicas y el continuo desyerbe que necesariamente debe ser manual o mecánico. 

En el control de plagas, ineludiblemente hemos de conseguir un equilibrio entre la fauna auxiliar y los agentes nocivos. No se consigue este equilibrio en un breve periodo de tiempo sino que pasa por ser una situación a medio plazo que finalmente se consigue si se maneja con acierto la explotación apoyándonos en los sistemas alternativos que nos ofrece el mercado.

A este respecto las compañías han mejorado mucho su vademécum. Han aumentado sus registros de fitosanitarios de productos que se ofrecen como alternativa dentro de un sistema integrado en la lucha contra las plagas.

Es imprescindible llegar a ese equilibrio entre parásitos y depredadores, generalistas y específicos, para mantener la población de fitófagos a niveles que no causen un daño significativo.

Entre los sistemas de control en los últimos años se ha avanzado bastante con los métodos biotécnicos. La inversión de las compañías ha sido muy importante en recursos para la investigación. Desde la introducción hace más de 30 años de los primeros dispositivos emisores de feromonas para el control por confusión sexual, nos encontramos actualmente con una amplia oferta de trampas de captura masiva, confusión sexual, atracción y muerte para muchos fitófagos.

En el control de plagas de la citricultura ecológica nos basamos en primer lugar en respetar a los enemigos naturales que existen en el medio. En todo caso, se opta por hacer liberalizaciones de enemigos naturales tanto depredadores como parásitos. En ello, tanto las compañías, organismos oficiales como el IVIA y la UPV han tenido un papel importante importando y aclimatando insectos como es el caso del recientemente introducido Anagyrus aberiae o bien sueltas de depredadores como el Cryptolaemus montrouzieri que desde el año 1929 se cría en la Comunidad Valenciana.

Un caso práctico: El cotonet de Sudáfrica.

En las últimas campañas citrícolas estamos asistiendo a una gravísima situación causada por una plaga importada que ha llegado a nuestro territorio desde Sudáfrica y que sin duda se agravará en los próximos años. 

Se trata del pseudoccocido Delotoccocus aberiae. Esta nueva plaga ha forzado al agricultor a una batalla sin cuartel con los pocos productos fitosanitarios que quedan autorizados. Es dramática la falta de suficiente eficacia de los productos. Probablemente derivada de la escasa información y experiencia en el momento de la aplicación.

Contrariamente a lo deseado, los repetidos tratamientos derivan en la práctica desaparición de cualquier enemigo natural. Las sustancias activas autorizadas se basan en piretroides y neonicotinoides muy agresivos con la fauna auxiliar, pero esta es la única arma que por ahora conocen los agricultores.

Las nuevas técnicas basadas en difusores de atracción y muerte a base de feromonas y la suelta de enemigos naturales todavía no están suficientemente establecidas. Frente a esta plaga, es inevitable e imprescindible que la citricultura valenciana entre en la dinámica de introducir estas técnicas alternativas y evitar ese desequilibrio que durante muchos años se  había conseguido con la generalización de la producción integrada.

Cultivo ecológico de cítricos

Y en el cultivo ecológico de cítricos, ¿estamos en inferioridad de condiciones frente a las armas que tiene el cultivo convencional? Pues yo diría que paradójicamente estamos en una situación mejor. La limitación de uso de los fitosanitarios nos obliga a aplicar las técnicas alternativas citadas y la sensación es que cuanto menos se trata, menos problemas tenemos de este tipo de plagas.

Es evidente que ello es debido a que, en las explotaciones ecológicas, la biodiversidad y los enemigos naturales tanto específicos como generalistas están haciendo un papel complementario a los productos fitosanitarios autorizados como son los aceites minerales, los trampeos y las sueltas de enemigos naturales. Estas observaciones no son meramente prácticas, sino que están refrendadas por estudios científicos tanto de IVIA como de la Universidad Politécnica.

El pánico inicial creado por la entrada de nuevas plagas y enfermedades no debería convertirse en una lucha sin cuartel basada solamente en los agroquímicos convencionales.

Debemos utilizar todas nuestras armas, pero siempre teniendo como primera opción el mantener, conservar y aumentar la biodiversidad, y con ello todos los enemigos naturales que nos ayudarán, sin duda, a ese equilibrio y a mantener las poblaciones libres de fitófagos o con niveles suficientemente bajos para que no sean un factor limitante en el cultivo.

Por todo ello, las compañías deben y nos consta que están adoptando estos criterios. Están apostando por un futuro en el mercado de fitosanitarios que pueda mantener esa dualidad y biodiversidad que evite un control basado exclusivamente en la lucha química.

En ese sentido, Certis como compañía, acierta siguiendo en esa línea. No es cuestión solo de llegar al objetivo sino de buscar el camino más adecuado. Con Certis estamos colaborando agricultores y cooperativas en proyectos para demostrar que puede y debe coexistir esa agricultura ecológica e integrada basadas en principios de respeto a la fauna auxiliar a través de una línea de fitosanitarios más respetuosos y de estrategias combinadas en línea con una agricultura de futuro y que cumpla con las exigencias tanto sociales como económicas y medioambientales.

Hay que agradecer al sector de fitosanitarios que se embarque junto con el propio sector agrario en este camino. Juntos, los técnicos del sector, cooperativas, agricultores y técnicos de Certis hemos de caminar en la mejora de la sanidad vegetal para el mantenimiento de esta actividad agraria tan castigada en los últimos años. Enhorabuena por la iniciativa y esperamos ser un buen compañero de viaje.

Paco Girona López, Técnico de Federació de Cooperatives agro-alimentàries de la CV y agricultor ecológico.